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Afilador ourensano en Venezuela durante los años 50.

 

Sello belga de 1975.

 

Monumento al Arrotino en la localidad italiana de Pinzolo.
El Afilador.Francisco de Goya. Museo de Budapest.

 

 
Los afiladores, un oficio en proceso de desaparición.
 

Las nuevas generaciones quizás no hayan conocido una figura que hasta hace no muchas décadas fue habitual en pueblos y ciudades, la de un hombre afilando con una bicicleta, una motocicleta o en su furgoneta.

Estos trabajadores recorrían largas rutas durante periodos prolongados, alejados de su hogar y de sus familias, para ganarse la vida con un oficio que hoy no podemos comprender: el afilado de utensilios y herramientas con filo.

Hoy cuando se nos estropea un cuchillo o unas tijeras, simplemente, compramos otras. Esto mismo, lo hacemos con la mayor parte de las cosas que han dejado de funcionar o se han deteriorado, y es fruto de los cambios socioeconómicos que ha experimentado nuestra sociedad.

Esta evolución en la sociedad marcó la desaparición de un oficio, que como tantos otros, tiene su orígen en los albores de la historia. Las últimas generaciones de afiladores, ya no dejaron apenas aprendices, y es cada vez es más extraño que veamos jóvenes afiladores. También, los antiguos afiladores, se reciclaron creando establecimientos fijos en las ciudades, como cuchillerías, paraguerías,...

Como otros oficios y tradiciones diversas, existe una localización y especialización geográfica que proviene desde hace siglos. Pongamos por ejemplo, la cuchillería de Albacete, la herrería en Toledo, las bateas gallegas, el cava catalán, el anis madrileño, la pirotecnia valenciana,... entre infinidad de ejemplos.

Pues bién, los afiladores ambulantes, con una tradición secular heredada casi siempre por vía familiar o comunitaria, tienen un orígen localizado: las comarcas montañosas del norte de la provincia de Ourense, en Galicia. Estos afiladores extendieron el oficio, por todos los territorios que recorrían, tanto en el Estado español como en el extranjero, dejándose influenciar e influenciado en otros colectivos de afiladores profesionales.

Otros paises de Europa y otras culturas también tuvieron importantes comunidades de afiladores, como Alemania, Francia, Bélgica, Irlanda o Eslovenia. Incluso en Italia, en un ambiente muy semejante con las comarcas ourensanas, los afiladores son también una seña de identidad: en el Val de Rescia y en el Val de Rendena. En la localidad de Stolvizza, en Udine, se encuentra hasta el Museo d'Arrotino, hasta el momento el único museo etnográfico de los afiladores.

La riqueza etnográfica de los afiladores ourensanos está definida por unas características particulares:

 

Gran expansión migratoria, principalmente a España y hispanoamérica, por razones culturales y lingüísticas.

La gran variedad tipológica de ruedas de afilar y sus continuas adaptaciones técnicas.

El empleo de señales musicales, como el chiflo y la ballena.

El uso de una de las jergas profesionales más complejas: el barallete.

La diversificación profesional y la relación con otros oficios.

El estructurado sistema de relaciones laborales, la exitencia de maestros y aprendices.

 

 
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